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martes, 13 de octubre de 2015

Sally [ESP]



Hasta que no conocí a Sally, no fui feliz de verdad, necesitaba algo más. Me sentía incompleto, sentía que no había vivido con plenitud, estaba a la búsqueda de sentirme realizado. No se por qué la encontré, la única cosa en la que pienso, es que me la mandaron desde el más allá.

La falta de trabajo me ha empujado a salir de mi país para buscarme la vida. Un poco a la aventura me embarqué en el primer avión que salía para Londres, en busca de algo que todavía no estaba muy claro en mi cabeza. En poco tiempo encontré un trabajo de cocinero en una pizzeria. Tenía estudios universitarios, pero este trabajo me recordaba a mi abuela, a cuando era pequeño, a cuando ella me enseñaba a hacer pizzas, y por esto lo acepté gustosamente.

Haciendo pizzas encontré muchos aficionados, en particular niños que querían aprender a cocinar, y que los padres dejaban aparcados en una silla para que ellos pudiesen estar tranquíllos. Conocí a la típica clientela habitual, ocasionalmente los chicos me invitaban a salir con ellos. El lunes a la noche, día de cierre de la pizzeria, quedábamos en casa de alguien para ver una peli y beber unas cervezas.

Precisamente en una de estas fiestas me encontré con Sally. Acompañaba una amiga que le gustaba a Mario, el jefe de la pizzería, pero él no había tenido mucha suerte con ella.
Cuando vi a esta chica rubia, con unos ojos azules preciosos, me quedé petrificado. La miré todo el tiempo, admirándola y esperando que nadie se diese cuenta. Todavía recuerdo que llevaba unos tejanos color claro, una camisa lila un poco abierta que dejaba entrever un incontenible escote.

Díos!, cuán perdido me sentí en aquel escote. Estaba como un explorador recién desembarcado en una isla desierta, que con ganas y miedo quería conocer el nuevo lugar. Luego sus ojos, limpios y fríos como el mar en invierno, era la puerta cerrada de un lugar misterioso. Sus labios se parecían a las cerezas y su voz era ligera como la suave música de un piano.

La encontré otra vez en otras fiestas, intenté acercarme un poco, pero ella parecía lejos y demasíado reservada. Me dijeron que trabajaba en una tienda cerca de la pizzeria, así aquel día tomé otro camino para ir al trabajo. Me sentia infantil, pequeño como un niño y quizás un poco maníaco, pero tenía ganas de verla más veces, aunque fuese por unos segundos, o estuviera lejos o incluso sin hablarle.

Todas las canciones que escuchaha de camino al trabajo, me hablaban de ella. Me la describían y contaban de una manera tan maravillosa, tan perfecta, que hasta resultaba irreal. Algunas veces me la cruzé por la calle, y me saludó siempre de manera muy rápida y fugaz. A excepción de una vez . De repente todo fue diferente. Se puso a hablar conmigo gracias a un cigarillo, que nos fumamos juntos. Aquella vez empezé a conocerla un poco. Hablaba de manera rapida, casi sin respirar. Creía que queria contarme toda su vida. El tiempo pasaba muy lento y a la vez muy rápido. Luego seguí mi camino hacia el trabajo, estaba feliz, feliz como un niño la noche de los Reyes.

Desde aquel día, la vi mucha veces, y creció la confianza entre nosotros. Cuando ella me hablaba, yo miraha siempre sus labios, como en una pélicula antigua sin voz, parecia moverse sin hacer ningún sonido, y yo casi no me enteraha de lo que me contaba. Y cuando estaba con ella, me parecía estar bajo el efecto de algunas drogas. Todo se paró, no existia nada mas que Sally.

El lunes a la noche dejé a mis amigos, para salir con Sally. Solos yo y ella. Estaba excitado, estupefacto por la sola idea de verla. Fuimos a un restaurante étnico a cenar y estuvimos todo el tiempo hablando de nuestras vidas. En cada mirada intentaba entrar en sus produndos ojos azules, buscando los misteríos que escondián. Me dí cuenta de cuán vulnerables eran sus ojos, a la par que profundos y maravillosos. Luego fuimos a su casa, y cuando ella estaba en la cocina buscándome una cerveza de la nevera, aprecié una libreta donde ella escribía algunos poemas. Quise leerla, descubrir algo mas de ella, queria ver su alma desnuda. Mientras tanto salia de la Radio “I don’t know why” de Norah Jones. Cuando ella se accercó a mi, con dos copas en las manos, pensé lo mismo que la cantante.

Sus besos eran fogosos, dulces e intensos. Entre mis manos tenia sus cabellos, del mismo color del sol. Sentía su perfume que embriagaba la habitación. Mis manos estaban en busca de su cuerpo blanco y suave como la nieve. Como en un sueño tenía miedo de despertarme, pero no, era la pura realidad. Solo nosostros, ella delante de mi en su habitación, que en aquel momento era para mi, enteramente mía. Sus labíos me daban escalofríos y sensaciónes deficiles de explicar. Sus manos quemaban de pasión.

Aquella noche me dí cuenta de qué significa cuando dos almas y dos cuerpo se funden en uno. Eramos como dos nubes que se acaban de encontrar causando un temporal, corrientes calientes y frias que causan un tornado. Elementos de la naturaleza, iguales y distintos que causan algo mas fuerte y poderoso.

Desde aquella noche Sally se convertió en todo mi mundo. El deseo ¿accedado?, un tatuaje en el alma y en el corazón. Pasión y amor juntos en algo impresionante. Dos almas casadas en una boda espiritual. La plenitud de mi vida. Lo que necesitaba para vivir, y para mi vida.

Puse la carta, en el lugar donde la encontré,
en un bolsillo de una chaqueta, en un tren, en una ciudad,
enviada a ella desde el paraiso,
Sally Cinnamon, eres su mundo

Then I put the letter back in, the place where it was found
in the pocket of a jacket, on a train in town
Sent to her from heaven
Sally Cinnamon, Your his world

( Sally Cinnamon, The Stone Roses )

Vittorio Galati. “Leyendas Urbanas”.

domingo, 11 de octubre de 2015

Sally [ITA]



Fino a quando non conobbi Sally, non mi sono mai sentito davvero felice, mi mancava qualcosa. Mi sentivo incompleto, sentivo di non aver vissuto appieno, ero in cerca di una realizzazione. Non so perché la incontrai, l’unica cosa che penso, che sia stata mandata a me dal paradiso.

L’assenza di lavoro, mi spinse a lasciare il mio Paese in cerca di fortuna; Così un po’ all’avventura mi imbarcai sul primo volo per Londra, alla ricerca di un qualcosa che ancora non era chiaro nella mia testa. In breve tempo trovai lavoro come pizzaiolo. Avevo studiato, avevo anche una laurea, ma accettai subito, anche perché mia nonna, sin da quando ero bambino mi insegnò a preparare la pizza. Questa possibilità la vedevo un po’ come un suo segno dal cielo, che non potevo rifiutare. Lavoravo molto, e avevo poco tempo per uscire, i miei unici amici, erano i colleghi di lavoro, due giovani italiani, forse più folli di me.

Come pizzaiolo avevo molti fans, specialmente i bambini che mi osservavano mentre preparavano le pizze, parcheggiati dai genitori davanti al bancone. Mi furono presentati i clienti abituali, e qualche volta i ragazzi mi invitavano ad uscire con loro. Il lunedì sera, giorno di chiusura della pizzeria, ci si riuniva in casa di qualcuno per vedere un film, bere qualche birra e rilassarsi un po’.

Proprio ad una di queste feste conobbi Sally. Accompagnava una sua amica, cui Mario, il vero proprietario della pizzeria andava dietro da molto tempo, ma senza troppo successo.

Quando vidi questa ragazza bionda, con degli occhi azzurri rimasi impietrito. All’esterno cercavo di non farlo notare, ma passai tutta la notte ad osservarla, fissarla, attento che nessuno se ne desse conto. Ricordo ancora che indossava un paio di jeans chiaro, una camicia lilla, leggermente sbottonata da dove si intravedeva una prorompete scollatura. Oddio, come mi sono perso in quella scollatura, ero come un esploratore sbarcato in un isola deserta, desideroso e timoroso di conoscere il nuovo territorio. Poi i suoi occhi, limpidi e freddi come il mare d’inverno, erano una porta chiusa verso un interno misterioso. Le sue labbra rosse come ciliegie, e una voce leggera come musica di pianoforte, mi lasciava spaesato, quasi stordito.

Dopo quella sera la rividi altre volte cercai di avvicinarmi, ma lei sembrava distante, e troppo riservata. Mi dissero che lavorava in un negozio poco distante dalla pizzeria, così da quel giorno modificai la mia strada verso il lavoro, con la speranza di poterla incontrare. Mi sentivo infantile, bambino, e forse un po’ maniaco, ma volevo rivederla, anche per un secondo, anche da lontano, anche se probabilmente non ci avrei mai potuto parlare. Tutte le canzoni che ascoltavo mentre camminavo, mi parlavano di lei. Me la descrivevano e raccontavano, in una maniera così meraviglio e perfetta da essere irreale. Qualche volta la incrocia per strada, e mi lasciò solo un rapido e fugace saluto, un giorno invece no. Quel giorno fu diverso dagli altri. Si fermò a parlarmi, grazie ad una sigaretta che fumammo assieme, e poi c’è chi sostiene che il fumo faccia male. Fu la prima volta che ebbi modo di cominciare a conoscerla. Mi parlava in modo rapido, incalzante. Sembrava volesse raccontarmi tutto il suo modo, rendermi partecipe della sua vita. Furono minuti lunghissimi e allo stesso tempo cortissimi. Quando la salutai andai al lavoro felice, come un bambino la notte di Natale.

Da quel giorno la vidi spesso, si era creata una confidenza fra noi. Mentre mi parlava io fissavo le sue labbra, come in un film muto le vedevo muoversi, senza quasi rendermi conto di cosa stesse dicendo. Ero come sotto effetto di una droga quando ero con lei. Tutto si fermava, non esisteva null’altro che Sally.

Un lunedì sera abbandonai i miei amici, per uscire solo con lei. Ero eccitato, stupefatto alla sola idea. Andammo a cena in un ristorante etnico, e li mentre mangiavamo parlammo molto. Cercai di entrare in quei suoi occhi blu, alla ricerca di questi misteri che volevano celare. Li mi accorsi, di quanto fossero vulnerabili, profondi, e meravigliosi. Andammo a casa sua, e mentre lei era in cucina, per prendere qualcosa da bere, vidi un quaderno dove aveva scritto delle poesie. Volevo leggerle, volevo scoprire qualcosa di lei, volevo veder nuda la sua anima.
La radio intanto suonava I don’t know why di Norah Jones, e quando la vidi avvicinarsi a me, con due bicchieri di vino bianco, pensai la stessa cosa.

I suoi baci erano caldi, dolci e intensi. Fra le mie mani stringevo i suoi capelli biondi come il sole. Sentivo il suo profumo che inebriava ogni cosa. Le mie mani erano alla scoperta del suo corpo morbido e bianco come la neve. Credovo di sognare, pensavo che da un momento all’altro mi sarei svegliato, invece no, era tutto vero. Eravamo solo noi due, l’uno davanti l’altra in una stanza, che sembrava tutto il mondo, e come Gino Paoli sentivo il cielo in una stanza.

Le sue labbra mi davano i brividi, e delle sensazioni difficili da descrivere. Le sue mani invece erano infuocate di passione.

Quella notte, mi resi conto di cosa vuol dire quando due anime, e due corpi di fondono. Eravamo come nuvole che si incontrano provocando un temporale, correnti calde e fredde, che provocano un tornado. Elementi della natura, uguali e diversi che producono un qualcosa di più potente, di più alto.

Da quella notte, Sally fu tutto il mio mondo. Il mio desiderio esaudito, un tatuaggio nella mia anima e nel mio cuore. Un insieme di amore e passione, travolgente e sconvolgente. Il completa mento della mia vita. Ciò che bisogna vivere per rendersene conto. Le nostre anime si sposarono in un legame indissolubile e perpetuo.


Then I put the letter back in, the place where it was foundin
in the pocket of a jacket, on a train in town
Sent to her from heaven
Sally Cinnamon, Your his world

Così misi a posto la lettera, dove la trovai,
in una tasca di una giacca, in un treno in città.
Mandala a lei, che viene dal paradiso
Sally Cinnemon, sei il suo mondo.

(Sally Cinnamon - The Stone Roses) ”

Vittorio Galati. “Leggende Metropolitane”.